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La Isla del Encanto, circo flotante



Puerto Rico es un circo, donde el bufón más idiota es idolatrado por el público. Se vive para reír lo decepcionante y defender lo indefendible. Se nos quema la carpa del circo, pero nos siguen hipnotizando las ilusiones de una magia barata que nos roba no solo la atención, sino también la vida al mismo tiempo. Puerto Rico es ese teatro de segunda donde una Lúgaro con ansias de Trump want to "make Puerto Rico great again"; porque aquí lo que viene "bien" es una Junta de Control Fiscal Federal que beneficie a los bonistas y, para que no se den cuenta, nos tienta con el discurso de "las mejores playas, el mejor ron y la mejor marihuana", ya que aquí se vive de baile, botella y baraja. Somos "pintura y capota", igual de triviales que nuestros gobernantes. No nos importa nuestra historia, porque tampoco nos importa a dónde vamos, si al llegar tenemos los mejores relojes y vestimenta de marca. Somos el hazme reír de una colonia en ascuas que a nadie le interesa defender, pues andan ocupados cada cual en lo suyo y criticando al que lucha por los derechos de todos. Somos esa islita donde un malandrín arrestado por posesión de armas es el único que los jóvenes ven "digno" de estar libre. Somos esa mierda flotando sobre el mar en donde los fondos públicos no llegan a donde deberían llegar y solo les importa cuando los recortes afectan su festejo y comodidad. Somos un pueblo fragmentado que no lucha por la muerte injusta de un niño como Lorenzo, que le importa un carajo si digo o si pienso, porque solo nos interesa tener dinero para ser "más" que el vecino y que todos nos envidien por nuestro carro último modelo. Bienvenidos a Puerto Rico: abran bien los ojos. Vean cómo nos prejuiciamos entre yales, cacos y bichas. Vean cómo seguimos en manada a los bufones sin cerebro. Admiren nuestra inteligencia: no vamos a la universidad para aprender, sino para comprar un diploma que nos encamine a la fortuna. Observen bien y aprendan, que no nos vamos de huelga porque somos muy chiquitos para que nos estimen humanos.


Somos el sin sentido del Caribe: la tierra que se cree muy pequeña para ser libre.

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