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Mostrando las entradas con la etiqueta angustia

¿buenos? aires

Ya no sé qué extraño, si alguna luz de mentira, alguna gaviota taciturna o algún párpado sin nombre en la oscuridad de la mañana. La turbulencia me hace pensar en rostros que apenas recuerdo, como si andara cayendo en paracaídas y las nubes se hicieran hielo en mis narices para entorpecerme la vista. ¿En qué puerto podré encontrar lo innombrable? Acaso seré otra María Nadie en eterno peregrinaje. Acaso la mampara está ahí para condenarme y hacerme estigma sin cuerpo y sin alma. Sin palabras. Solo conozco la vida desde la herida, desde el quebranto y lo dividido en eterna caída, desde el paracaídas que nunca se abre a tiempo y me destruye la cara contra el suelo. Solo conozco la vida desde el encuentro con el acero, desde el silencio de los planetas que no se mueven y las atmósferas contaminadas por el aguacero de desechos. Ya no sé qué vivo, si vida o muerte, o algún estado a medias. Ya no sé qué espero, si solo sé vivir a destiempo. Ya no sé qué adoro, si todos los dioses han muerto. ...

carta póstuma

Lázara, te nos moriste. Y ahora solo tengo una memoria que escribirle a la vida camuflageada de muerte. Tú bien sabes que soy una mujer sola parada en la misma angustia de siempre, un animal fiero y tierno como diría mi amada ánjela. Hace mucho que no tengo sonrisas y las trinitarias de mi camino cada vez me acompañan menos. Hoy intenté recogerlas, pero ellas volaban al viento partidas casi como si quisieran huir. ¿Pero acaso no soy yo la quiere escaparse? Tengo el alma partida de espera, henchida desde adentro a punto de reventarse. Desde mi herida te escribo, desde el mismo grano de angustia… ¡Ay, niña! si supieras cuánto silencio abismado me invade, no te hubieras muerto. Recuerdo aquellas mañanas en las que me esperabas tranquila con tu túnica de inocencia grata. Y yo, anhelante, buscaba aprehender algo de ti… lo que fuese, algo, cualquier cosa. Yo siempre fui intermitente, pero nunca contigo. ¿A fuerza de qué habría de resucitarme? Mas, muy a pesar, lo hice… ¿por qué habría a...

"recuerdos cibernéticos"

Nunca me he sentido preparada para saberte del otro lado de la pantalla enviándome mensajes en códigos binarios. No se trata de ti. Es la luz de la pantalla lo que me estorba, como si tú solo fueses una imagen, una cara bonita, un [me gusta]. Y siento que te pierdo si no te tengo cerca, que eres un fantasma, que eres solo un sueño. ¿No has notado cómo los rostros se desvanecen? </borrar> ¿No has sentido cómo perdemos el tiempo pudiendo encontrarnos? </eliminar_historial> ¿Acaso no me recuerdas? </desactivar_cuenta> Es la luz de la pantalla lo que me estorba. </cerrar> ¿Sigues ahí? </apagar> ¿Me olvidaste? -oscuridad-

Biografía mínima

Todo parece estar detenido. La bici en el balcón, quieta, esperando. El sofá en el mismo lugar de siempre. Los taladros perforando las paredes del edificio contiguo. El humo eterno de la estufa, como si acaso diera para alimentar a todes les indigentes. Un texto de Camus sobre la mesa y silencio. Solo se mueve la hamaca, a fuerza del viento que se obstina en entrar al apartamento. Mi madre es el único hogar que me queda y parece estar muy lejos. Yo, en las mañanas cuelo un café para anestesiar los dolores del alma.  Se me quema la comida por andar escribiendo y en ocasiones aguanto el hambre para no salir de la cama. A veces vivir se me hace indiferente. Juego con libros para subsistir. No puedo negar que he contemplado el suicidio, me parece mejor solución que las drogas, los encuentros casuales, el dinero y la fama.  Me dedico a desentenderme: hace mucho estoy deshabitada. Sé que se me nota en los ojos, por eso suelo reírme a carcajadas lunáticas. Quizá po...

lapsus de angustia

Tengo miedo. (...) Así comenzó mi mañana, con la marca del carimbo en la frente. Y me pregunto: ¿porqué la vida se nos va a ratos? ¿porqué tantas pequeñas muertes de una misma? ¿porqué la vida? Confieso que he abandonado muchas cosas, empezando por mi silencio gastado intentando ser poema. ¿Qué remediarán estos valores binarios reventándose contra tu pantalla que reproduce mi voz imaginaria? Mírate. ¿Qué remediamos con buscarnos mutuamente? Tenemos miedo. La vida nos acosa para fragmentarnos y es en ese instante, en el instante en el que la vida nos devuelve la borradura de nuestro rostro cuando me recuerdo: somos partículas aventadas a la nada. ¿Acaso tú no sientes la misma angustia? ¿Acaso no es esa nada la que aparece en cada lapsus, en cada sueño, en cada chiste, en cada momento absurdo? Tengo miedo de estar sola. Tengo miedo de morir sin amor. Tengo miedo de la hoja en blanco. ¿Y a caso eso no se traduce en tenerle miedo a la nada? Si tú no sientes miedo, ¿para qué me...

Entre estaciones

Desdén a las manos que me tocan sin yo querer. A esas manos que apresuradas se estorban conmigo en su ruta hacia las manillas o el pasamanos. Salir tarde de la universidad siempre tiene su precio y más cuando se está cerca de Baquedano. El espacio siempre es poco cuando más cansada se está. Y poco es el ánimo de aguantar el empuje de los apresurados de siempre. ¡Cuántos ojos habré esquivado cuando el rostro es inevitablemente cercano! Hoy, súbitamente, entre tantas fechas de entrega, preocupaciones familiares y demás banalidades, me pregunté el por qué del horror en el metro. ¿Porqué el acercamiento es tan ominoso? Si el cuerpo no es más que pedazos de materia, igual al resto de los objetos que nos inundan, las pantallas que nos consumen y lo que nos cubre y descubre a diario. ¿Porqué esquivarse? Acaso nos esquivamos por la maldita costumbre a la fragmentación, por la negación de lo nuestro en el Otro. Heme aquí en el mismo tren de siempre a la misma hora de los eternos nunca q...