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Mostrando las entradas con la etiqueta sexo

Del dolor: nada me vale.

De nada me vale que me sientas distinta si no es en ti donde mi alma encuentra cobijo. De nada me vale ser pregunta y respuesta a mí misma, si solo soy un enigma que curioso intentas descifrar y te quedas a medias. De nada me vale, cariño, que me llames diosa y arrodillado intentes amarme sin corazón. Estamos lejos y eso no es consuelo aunque te toque. Aunque te bese no siento tu boca, aunque me lo metas no siento tu miembro y tu cuerpo tampoco aunque arrojes todo su peso sobre mí. No me quedo sin aire aunque me estrangules e intentes ahogarme en la cama, ya no tenía aire ni vida antes de conocerte. Este cuerpo muerto me estorba y me estorbas tú. Me estorba también el llanto que no escucho y los gritos que me salen de adentro, a propósito de los sordos de siempre. Algo en mí se agita en vano porque ya no hay corazón de carne que aliente mi pecho, sino una ilusión de símbolos que me emputa esta existencia que no puede llamarse vida. Y me estorba tu cuerpo aunque me produzca orgasmos d...

¿Es el fetiche una hegemonía?

Al hablar de sexualidad, muchas –muchísimas- normatividades hegemónicas acaparan nuestro discurso. Es importante, entonces, repensar y reelaborar el vocabulario utilizado en estos discursos de la sexualidad humana, con el fin de darle otras posibles miradas que nos permitan analizarla desde distintas perspectivas. En este caso, deseo hablar de los fetiches . Según la RAE, un fetiche es una “desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo”. Siguiendo esta línea de pensamiento, lo que se dice –entre líneas- es que el deseo posee una estructura, un desarrollo unilateral, universal y específico en los seres humanos, de modo tal que si un individuo muestra alguna conducta que no se ajuste a ella reproduce el fetichismo en su expresión de deseo. ¿Acaso el deseo es reproducido de forma uniforme y exactamente igual en todos los individuos? El deseo es una manifestación instintiva e impulsiva del ...

PRIMER ACTO -con la palabra sin nombre-

Nunca descifré si era bella. Solo supe conocer el descontrol que su piel incitaba, a cada instante sacudía en mí un sentir animalesco, algo profundo y oscuro. Pero jamás fue una oscuridad corruptible, cotidiana y febril. Era algo así como ver a Mafdet ejecutándome mientras yo retozaba lujuriosa y sedienta en el lecho. El juego de vaginas empapadas en añejos vinos, en dulzuras de ocio, ya había comenzado. La observo lejana en el pasillo y su paso suave parece mecerse en las olas del viento que no sopla a estas horas. Tan felina siempre, tan callada. Hipnotiza el alma. Desgaja el cuerpo. Nunca aprecié mejor otra gracia, algún vaivén o capricho en otras manos. Observo cómo reclina levemente su cabeza hacia atrás y su cabello juega a acariciar sus glúteos. Desnuda. Así siempre la quise. Toda mía. Me observa. Coloca una silla al lado derecho de la cama para sentarse en ella con ternura de océano. Desliza sus manos rozando levemente la yema de sus dedos sobre sus muslos, luego el...