Todo parece estar detenido. La bici en el balcón, quieta, esperando. El sofá en el mismo lugar de siempre. Los taladros perforando las paredes del edificio contiguo. El humo eterno de la estufa, como si acaso diera para alimentar a todes les indigentes. Un texto de Camus sobre la mesa y silencio. Solo se mueve la hamaca, a fuerza del viento que se obstina en entrar al apartamento. Mi madre es el único hogar que me queda y parece estar muy lejos. Yo, en las mañanas cuelo un café para anestesiar los dolores del alma. Se me quema la comida por andar escribiendo y en ocasiones aguanto el hambre para no salir de la cama. A veces vivir se me hace indiferente. Juego con libros para subsistir. No puedo negar que he contemplado el suicidio, me parece mejor solución que las drogas, los encuentros casuales, el dinero y la fama. Me dedico a desentenderme: hace mucho estoy deshabitada. Sé que se me nota en los ojos, por eso suelo reírme a carcajadas lunáticas. Quizá po...