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Mostrando las entradas con la etiqueta cuerpo

¿buenos? aires

Ya no sé qué extraño, si alguna luz de mentira, alguna gaviota taciturna o algún párpado sin nombre en la oscuridad de la mañana. La turbulencia me hace pensar en rostros que apenas recuerdo, como si andara cayendo en paracaídas y las nubes se hicieran hielo en mis narices para entorpecerme la vista. ¿En qué puerto podré encontrar lo innombrable? Acaso seré otra María Nadie en eterno peregrinaje. Acaso la mampara está ahí para condenarme y hacerme estigma sin cuerpo y sin alma. Sin palabras. Solo conozco la vida desde la herida, desde el quebranto y lo dividido en eterna caída, desde el paracaídas que nunca se abre a tiempo y me destruye la cara contra el suelo. Solo conozco la vida desde el encuentro con el acero, desde el silencio de los planetas que no se mueven y las atmósferas contaminadas por el aguacero de desechos. Ya no sé qué vivo, si vida o muerte, o algún estado a medias. Ya no sé qué espero, si solo sé vivir a destiempo. Ya no sé qué adoro, si todos los dioses han muerto. ...

Precipicios

mi coño maldito te pide siempre lo mismo       y tú no contestas   un beso labio a labio       mojado un pedazo de boca       ardiendo un atisbo de tu lengua   en llamas mi crica sedienta te espera siempre inmensa   y tú nunca llegas carne sola       dedo adentro   no contestas una cuerpa seca que se desgasta mustia   hecha carne muerta otoñada yo   / p i e r n a s    a b i e r t a s \ venas h i n c h a d a s d   e   s    m     e      m       b        r         a          d           a

Autoerotismo como reivindicación

Es importante, como parte de los cuestionamientos feministas modernos, forjar toda una estética radical acerca del cuerpo, una estética que nos devuelva nuestro lugar y nos reivindique. Y precisamente, dentro de estas concepciones me parece pertinente ubicar el autoerotismo. Desde un principio y aún en nuestros días, la mujer ha estado supeditada a la valoración física de sí misma en función del Otro, operando en base al agrado y al placer de los demás. Es común observar a la mujer cosificada como objeto de placer visual-sexual desde los orígenes del arte, por ejemplo. En la actualidad, se ve más claramente cómo somos utilizadas para representar todo tipo de artículos en la publicidad formando parte de una incitación al deseo que nunca es cumplido. [Este punto se aborda un poco más en detalle en “La industria cultural” y “El malestar en la cultura”.] Podríamos decir que se fomenta un deseo, una pulsión con fin inhibido que genera malestar e insatisfacción en la sociedad. Pero he a...
Sumamente agradecida de que se me considere digna de aclamar a mis musas. https://www.facebook.com/events/507537396077609/permalink/511294645701884/