Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta mujer

Manoseada

Es de mi vientre que nace Latinoamérica. Es de mis tetas de donde el pueblo rebelde se alimenta porque si no es guerra militar, es guerra económica donde el padrestado siempre se ausenta. Me dejaron ciega con los pezones mordisqueados, con la Amazonia violentada con su pseudociencia, con el asco de su pene restregado por mi rostro y mi cuerpo. ¿Qué rutas habré de seguir ahora? Ahora que solo queda desierto. Ahora que solo resta ceguera. Ahora que me dejaron el sueño estéril y entregada al polvo y abandono de la pobreza. Será mi ruta el mar, más allá, el desierto y aún en el desierto, oasis y altiplano moreno. Será mi boca el grito. Serán mis manos el talismán de la guerra. Será mi cuerpo libre sin manos pecaminosas que lo sostengan. Concebida como estigma de diabla seré la bruja y la cuera. No habrán otras manos que hilvanen mi destino porque solo yo seré diosa, meretriz y dueña. Seré cielo e infierno para acuna...

PRIMER ACTO -con la palabra sin nombre-

Nunca descifré si era bella. Solo supe conocer el descontrol que su piel incitaba, a cada instante sacudía en mí un sentir animalesco, algo profundo y oscuro. Pero jamás fue una oscuridad corruptible, cotidiana y febril. Era algo así como ver a Mafdet ejecutándome mientras yo retozaba lujuriosa y sedienta en el lecho. El juego de vaginas empapadas en añejos vinos, en dulzuras de ocio, ya había comenzado. La observo lejana en el pasillo y su paso suave parece mecerse en las olas del viento que no sopla a estas horas. Tan felina siempre, tan callada. Hipnotiza el alma. Desgaja el cuerpo. Nunca aprecié mejor otra gracia, algún vaivén o capricho en otras manos. Observo cómo reclina levemente su cabeza hacia atrás y su cabello juega a acariciar sus glúteos. Desnuda. Así siempre la quise. Toda mía. Me observa. Coloca una silla al lado derecho de la cama para sentarse en ella con ternura de océano. Desliza sus manos rozando levemente la yema de sus dedos sobre sus muslos, luego el...

Hablando de roles

De niña me miraba al espejo y acariciaba mi rostro; observaba ese cuerpo por descubrir. Fijaba mi vista en aquel reflejo luminoso, suave e iluso, preguntándome ligeramente si era hermosa. Nunca tuve certeza, jamás seguridad en esa infancia confusa. Me percibía distinta, vagamente moldeada, extraña. No quiero ser bella, no quiero que observen lentamente el delicado tono de mi piel. ¡Ya basta! Renuncio a este don entregado en bandeja de plata a manos de las diosas madres. ¿Es que acaso podré ser querida y anhelada por lo que soy y no por lo que represento? ¡Maldita imagen que se proyecta en mí! No quiero admiración fervorosa. ¿Acaso no sería preferible ser inmaterial? Sí, entregada al espacio infinito de la longevidad, lo intocable, lo trascendental. ¿De qué me vale? No sirve de nada mi perfecta simetría, mucho menos el candor de mis labios. ¿Para qué el brillo de mis ojos? El fulgor de mi rostro es vano, es pasajero como una sombra. No me ames. No ofusques mis pensamientos con un volver...